Los industria de los zapatos ha sido imprescindible en la historia de Mallorca. El ADN y la genética están incrustados en los pueblo de interior desde el siglo XIII que se formó un gremio de zapateros sólido. Desde entonces son muchos los que durante su visita a la Isla no se han podido resistir a llevarle una de estas pequeñas obras de arte en la maleta.

Dedicación y pasión de las manos de los artesanos que aún hoy en día trabajan por mantener la esencia del calzado de piel en Mallorca. Una labor que durante la segunda mitad del siglo XIX hizo que la industria del calzado llegase a ser uno de los principales motores económicos de la Isla.

De hecho, muchas de esas marcas que se empezaron a gestar hace años todavía son conocidas más allá de las aguas del Mediterráneo. Sin embargo, la lucha contra las grandes superficies de cada vez es mayor, pero aún así, pelean por mantener la dedicación y meticulidosidad de coser a mano. Es el caso de Tiamer, en su fábrica situada en Mancor de la Vall, los artesanos tratan con delicadeza el producto para que cada modelo sea único y especial.

De hecho, hoy en día, el calzado artesanal se ha convertido en un signo e distinción, elegancia y salud. Los buenos tejidos que se utilizan para su fabricación hace que la salud de los pies sea mejor que con los zapatos sintéticos. Además, el calzado mallorquín en todas sus variantes se ha convertido en muchas ocasiones en icono de moda sobre las pasarelas de todo el mundo.